Miércoles, 25 Marzo 2015 21:02

PIQUES ILEGALES - PELIGRO LATENTE

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Hace unas semanas acudió a nuestra Firma de abogados un compungido padre de familia con el propósito firme de formular una demanda en contra de su compañía aseguradora. El caso, en resumen, tenía que ver con que su hijo, en etapa universitaria, en una noche de viernes, decidió utilizar el automóvil de la familia para competir con otros muchachos por una de las avenidas de una capital colombiana en uno de los denominados “piques”. La carrera terminó cuando el joven conductor, guiando el vehículo a más de 160 km/h, chocó contra una vivienda ocasionando no solo la destrucción total del rodante y de la vivienda, sino la muerte de varios de los residentes en ella y la invalidez grave de un peatón.

Una vez iniciadas las acciones penales y civiles en contra del intrépido vástago, en calidad de conductor, y su padre, como propietario del automotor, el jefe de familia acudió a la compañía de seguros que amparaba al rodante a fin de obtener un ofrecimiento indemnizatorio a favor de la familia afectada. Fue tal su sorpresa cuando la aseguradora negó cualquier posibilidad de indemnización ya que las circunstancias en las que se había producido el siniestro ecuadraban dentro de unas exclusiones expresas para los amparos de pérdida total del vehículo y responsabilidad civil extracontractual.

Efectivamente, todas las compañías de seguros cuentan con unas condiciones expresas en las que enuncian en qué eventos entran a responder por el pago de un siniestro y en qué otros no hay lugar a indemnización por parte de dichas compañías. Dentro de la exclusiones, es decir, dentro del listado de situaciones en las que no responde la aseguradora, se encuentra que el vehículo participe en competencias.

Los piques o carreras de cuarto de milla se han constituido en un fuerte dolor de cabeza para las autoridades y en un peligro latente y constante para la comunidad. Las mentes jóvenes, algunas influenciadas por los fast y por los furious, o por los excesos de testosterona, alcohol o drogas, buscan la adrenalina a toda costa sin pensar que, en la búsqueda de emociones al límite, también están llevando al límite el peligro, no solo para ellos, sino para otras personas nada tienen que ver con dicha actividad.

Tan arrojadas actividades no están amparadas por las aseguradoras ya que sería premiar la temeridad y la osadía malsana. Por tal razón, al momento de emprender tamaño despropósito o permitir que un familiar lo haga, tenga en cuenta que su aseguradora permanecerá al margen de cualquier pago a favor de un tercero, haciendo que sea su propio patrimonio el que se vea seriamente afectado ya que, por una parte, se corre el riesgo de perder el vehículo y, por otra, el de ocasionar daños cuantiosísimos a otros, que únicamente deban pagar los intrépidos conductores y sus familias sin que compañía de seguros alguna entre en su auxilio.

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